
Capítulo 7
Pedro Menéndez de Avilés
El asturiano que fundó la primera ciudad de Estados Unidos
La primera ciudad europea permanente del territorio continental de Estados Unidos no la fundó ningún inglés. No fue Jamestown (1607). No fue Plymouth (1620). Fue San Agustín de la Florida, fundada el 8 de septiembre de 1565 por un asturiano llamado Pedro Menéndez de Avilés. Cuarenta y dos años antes que Jamestown. Cincuenta y cinco antes que Plymouth. San Agustín sigue habitada hoy, ininterrumpidamente, desde hace más de cuatro siglos y medio. Y sin embargo, la narrativa oficial de Estados Unidos arranca con los Pilgrim Fathers y su Mayflower, como si antes de ellos no hubiera habido nada. Antes de ellos hubo un hijo de una familia de veinte hermanos que se escapó de casa a los nueve años, era grumete a los catorce, perseguía piratas por el Cantábrico a los diecinueve, diseñó el sistema de convoyes que protegió la Flota de Indias durante dos siglos, y fundó la ciudad más antigua de la nación más poderosa del mundo. Todo esto pagado con su propio dinero, porque la Corona no le daba suficiente.
El mundo en 1565
A mediados del siglo XVI, la costa atlántica de Norteamérica era un vacío peligroso. España reclamaba toda La Florida — que entonces abarcaba desde los cayos hasta la actual Carolina del Sur —, pero no tenía asentamientos permanentes. Ponce de León la había descubierto en 1513 y había muerto intentando colonizarla. Desde entonces, varias expediciones habían fracasado: las de Pánfilo de Narváez, Hernando de Soto, Tristán de Luna. La Florida era considerada una tumba de conquistadores.
Mientras España dudaba, Francia actuó. En 1564, un grupo de hugonotes protestantes, huyendo de las guerras de religión francesas, estableció Fort Caroline en la desembocadura del río San Juan (actual Jacksonville). Desde allí, corsarios franceses atacaban los galeones españoles que transportaban la plata de América. Era una base pirata disfrazada de colonia religiosa, y Felipe II no podía tolerarla.
Inglaterra, por su parte, aún no había puesto un pie en Norteamérica. Faltaban décadas para Jamestown. Walter Raleigh ni siquiera había nacido. En 1565, el único rival de España en la costa atlántica era Francia.
El hombre
Pedro Menéndez de Avilés nació el 15 de febrero de 1519 en la villa asturiana de Avilés, en el seno de una familia hidalga numerosa — fue uno de veinte hermanos. Su padre murió cuando él tenía ocho años y su madre se volvió a casar. Al joven Pedro no le gustó su nuevo padrastro.
A los nueve años se escapó de casa. A los catorce era grumete en un barco de guerra que perseguía piratas por el Cantábrico. A los diecinueve, con lo poco que había heredado de su padre, armó un patache con cincuenta hombres — parientes y amigos — y se dedicó al corso contra los piratas franceses que asolaban la costa norte española. Capturó dos barcos franceses y liberó a los prisioneros españoles que llevaban.
Su familia, preocupada por su carácter indomable, intentó asentarle casándole con una niña de diez años llamada Ana María de Solís. A las pocas semanas, Menéndez vendió parte de sus propiedades, compró otro barco y convenció a miembros de su familia para enrolarse con él. El matrimonio no iba a cambiar a un hombre que llevaba el mar en la sangre desde los nueve años.
A los treinta y cinco, Felipe II le nombró Capitán General de la Flota de Indias — el cargo naval más importante del imperio. Menéndez diseñó e implementó el sistema de convoyes que protegería los galeones españoles durante los siguientes dos siglos: flotas organizadas que viajaban juntas, protegidas por buques de guerra, en rutas y fechas fijas. Fue una revolución logística que mantuvo fluyendo la plata americana hacia España durante generaciones.
Era un marino excepcional: diseñaba sus propios barcos, conocía las corrientes del Atlántico como nadie, y tenía un ojo infalible para la cartografía. Pero también era un hombre duro, implacable con los enemigos y no siempre justo con los vencidos. Su actuación en La Florida tendría luces y sombras muy pronunciadas.
La fundación de San Agustín
La expedición
En marzo de 1565, Felipe II firmó un asiento con Menéndez: debía explorar y colonizar La Florida, expulsar a los intrusos franceses, establecer fuertes defensivos y evangelizar a los indígenas. A cambio recibiría títulos, tierras y privilegios comerciales. Pero la mayor parte de la financiación corrió de su bolsillo — invirtió 200.000 ducados de su propio patrimonio, endeudándose gravemente.
El 29 de junio de 1565, Menéndez zarpó de Cádiz con una flota que acabaría reuniendo más de veinte navíos y unas 2.500 personas: soldados, colonos con sus familias, religiosos y marineros. Un huracán dispersó la flota en el Atlántico, pero el grueso consiguió reagruparse en Puerto Rico y seguir hacia La Florida.
La fundación
El 28 de agosto de 1565, la expedición avistó la costa de Florida y encontró un puerto natural en la desembocadura de un río. Menéndez desembarcó, celebró una misa solemne, tomó posesión de la tierra en nombre de Felipe II y bautizó el lugar como San Agustín, por ser el día del santo.
Acababa de fundar la primera ciudad europea permanente del territorio continental de lo que hoy es Estados Unidos.
La expulsión de los franceses
Inmediatamente después de fundar San Agustín, Menéndez se ocupó de los franceses de Fort Caroline. Lo que siguió fue brutal. Con un comando terrestre que marchó bajo una tormenta tropical, atacó por sorpresa el fuerte francés y mató a los hombres que encontró. Las mujeres y los niños fueron perdonados. Simultáneamente, la flota francesa de Jean Ribault, que había salido a atacar San Agustín, fue destrozada por un huracán. Los supervivientes, náufragos en las playas de Florida, fueron encontrados por los españoles en un lugar que desde entonces se llama Matanzas.
La actuación de Menéndez en Matanzas es el episodio más oscuro de su vida: los prisioneros franceses rendidos fueron ejecutados. La cifra exacta es discutida — entre 200 y 350 hombres. Menéndez justificó las ejecuciones diciendo que no tenía recursos para mantener prisioneros y que eran herejes protestantes que habían invadido territorio español. La explicación no borra la mancha, pero el contexto importa: estamos en plenas guerras de religión europeas, y los franceses habían estado atacando barcos españoles desde Fort Caroline.
El legado en La Florida
Tras asegurar el territorio, Menéndez no se limitó a construir un fuerte y marcharse. Estableció más de diez fortificaciones a lo largo de la costa atlántica, desde Miami hasta la actual Carolina del Sur. Fundó misiones donde frailes franciscanos evangelizaban y educaban a los indígenas — llegó a haber cien misiones activas entre 1565 y 1700, con más de 20.000 conversos.
Intentó establecer relaciones con las tribus timucua, con éxito variable. Fue nombrado gobernador de Cuba en 1568 y pasó sus últimos años limpiando de corsarios el Caribe y las costas de Florida.
San Agustín, la ciudad que fundó, permaneció bajo soberanía española durante más de 250 años — hasta 1821, cuando fue cedida a Estados Unidos a cambio de cinco millones de dólares y la promesa, luego incumplida, de respetar las posesiones españolas en Texas.
El final
En 1574, Felipe II le encomendó dirigir una gran armada que debía partir hacia Flandes para ayudar a sofocar la rebelión holandesa. Menéndez reunió 300 buques y 20.000 hombres en Santander. Pero el 8 de septiembre de 1574 — exactamente nueve años después de fundar San Agustín — cayó enfermo. Murió el 17 de septiembre, a los 55 años, sin haber zarpado.
Avilés, su villa natal, le recuerda como “la Villa del Adelantado.” En San Agustín tiene un monumento frente al ayuntamiento.
Por qué no lo conoces
Jamestown y Plymouth se llevaron la narrativa. La historia fundacional de Estados Unidos está escrita por y para anglosajones. Empieza con los colonos ingleses: Jamestown (1607), los Pilgrim Fathers (1620), la Declaración de Independencia (1776). Que la primera ciudad permanente del país fuera española, fundada 42 años antes que Jamestown, no encaja en ese relato y se omite sistemáticamente.
El episodio de Matanzas. La ejecución de los prisioneros hugonotes es un hecho histórico que oscurece el legado de Menéndez. Los franceses, que dos años después enviaron una expedición de represalia y masacraron a la guarnición española de San Mateo, tenían motivos comprensibles para odiarlo. El personaje es incómodo: fundador y conquistador, pero también verdugo.
España cedió Florida. Cuando España entregó Florida a Estados Unidos en 1821, perdió el control de la narrativa sobre 250 años de historia. San Agustín fue reinventada como una curiosidad turística con sabor español, no como lo que realmente fue: la primera ciudad europea de la nación.
No tiene película. Un hombre que se escapa de casa a los nueve años, persigue piratas adolescente, diseña el sistema de convoyes del mayor imperio del mundo, cruza el Atlántico con 2.500 personas, funda una ciudad que dura cuatro siglos y medio, y muere preparando una armada de 300 barcos. Eso es un guión de tres temporadas. Y nadie lo ha rodado.
Para cerrar: 42 años
Cuarenta y dos. Esa es la cifra que importa. Cuarenta y dos años de diferencia entre San Agustín y Jamestown. Cuarenta y dos años en los que ya había una ciudad española en la costa de lo que hoy es Estados Unidos, con iglesia, fuerte, misiones, gobernador y vecinos, mientras los ingleses aún no habían cruzado el Atlántico.
Cuando los colonos del Mayflower desembarcaron en Plymouth Rock en 1620, San Agustín llevaba 55 años en pie. Era más vieja que muchas ciudades de la propia Inglaterra.
Pero la historia la escriben los que la cuentan. Y los ingleses, y luego los americanos, siempre han sido mejores que los españoles contando su propia historia. Por eso el mundo cree que Estados Unidos empieza con Plymouth. Y por eso casi nadie sabe que empieza, en realidad, con un asturiano que se escapó de casa a los nueve años y nunca dejó de navegar.
Fuentes principales: Gonzalo Solís de Merás, crónica de la expedición (1565); Archivo General de Indias; Museo Nombre de Dios, San Agustín de la Florida; Acción Cultural Española, exposición La Florida.